Dominicos

Cuando la Iglesia en el siglo XIII necesitaba ser restaurada, Dios envía a fr. Domingo de Guzmán para renovarla.

foto

¿A quién no le interesa saber sobre la historia de su propia familia?

El Espíritu Santo ha regalado a la Orden una gran variedad de hijos e hijas, no exenta de contrastes y colores: Martín de Porres, el humilde portero, y Alberto Magno, el profesor de profesores en Colonia; el fuego impresionante de Catalina de Siena, y la serena contemplación de Tomás de Aquino; el ardor misionero de San Luis Bertrán y el carácter místico de Juan Macías; la valentía de Bartolomé de las Casas y la serenidad de Inés de Montepulciano. Es una riqueza inigualable que siendo tan diferentes, el fuego que les movía era el mismo: el Espíritu Santo que santifica a la Iglesia con su poder.

  1. Cuando la Iglesia más necesitaba de claridad, nace Domingo, un niño con la luz de la misericordia de Dios.

Para muchas personas, tal vez Santo Domingo de Guzmán es un santo desconocido, otros son más populares en la Iglesia o se han dado a conocer más fácilmente. Muchos santos son famosos por la conversión en sus vidas, recordar a San Agustín, Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, san Camilo de Lelis, san Juan de Dios, estas personas después de vivir una vida de alejamiento de Dios se les llenó el corazón del fuego del amor de Dios y abandonaron su vida de desorden para servir al Dios Altísimo. Pero no fue así con Domingo, desde niño su corazón le pertenecía a Dios completamente. Ya desde pequeño, Domingo dio muestras de su inteligencia y rigurosa disciplina ascética, la cual lo llevó a sustituir su cómoda cama por el duro y frio suelo(1). Varios autores resaltan la niñez de Domingo como un niño extraordinario y especial: “desde los años de su infancia fue educado diligentemente por sus padres y por un tío suyo arcipreste; le instruyeron con todo esmero al modo eclesiástico(2). Ya desde niño daba muestras de gran talento. Don Félix y Juana estuvieron muy interesados en que el niño, antes de aprender la ciencia humana, mundana, asimilara la ciencia divina y bebiera de las fuentes de la Escritura divina. Sus padres influyeron en la vida de Domingo de una manera muy especial, su madre Juana de Aza le inculcó el amor y el servicio a los necesitados:

“Desde su infancia creció en domingo la compasión con la que había salido del vientre de su madre. Pues así como aumentó en él la edad de su cuerpo, creció también en las obras de la virtud. Desde el seno materno se exteriorizaron en él de un modo natural, revistiéndose de entrañas de misericordia(3).

En esto se fundamenta el padre Vicaire, historiado de los Orden, para explicar la ardiente sensibilidad que Domingo sintió ante la miseria y el sufrimiento del prójimo(4). Domingo recibió esa gracia desde el vientre de su madre y al ir creciendo iba aprendiendo que los pobres y necesitados eran bien recibidos en la casa de la caritativa Juana de Aza. El contacto con la humanidad que sufre y alejada de Dios crea en Domingo un profundo sentimiento de compasión, que encontrará cause en su oración de cada día.

La intensidad de su compasión se puede medir por las cosas que hace como vender sus libros y las abundantes lágrimas de profundo dolor por la dureza del corazón de sus contemporáneos. La compasión lo lleva a sentir una gran misericordia por las personas que experimentan males materiales y por los extraviados, los pecadores. Su dolor y angustia por el pecado de los hombres, no le llevaba a condenarlos, sino al encuentro personal con ellos, para que, a la luz de la Palabra, se convirtieran y buscaran el camino que conduce a la salvación.

  1. Cuando Dios le inspira a fr. Domingo verdades divinas, le guía por la sabiduría de los obispos que le indican el camino.

Esta unidad eclesial la tenía muy clara Domingo de Guzmán en su tiempo. Si leemos la historia de nuestra Orden, podemos constatar que varios obispos y Papas influyeron en Domingo para fundar una Orden para la Predicación. Permítanme recordarles un poco de esa historia.

En tiempos de Domingo, Martín de Bazán, Obispo de Osma, viendo tanta necesidad de la Iglesia empieza un camino de restauración y hace que los canónigos de su catedral de Santa María sean canónigos regulares. Insistió en el camino de renovación animando a la vida común, la clausura y el silencio, favorecedores de la meditación, el estudio y la celebración del culto divino(5).

Hasta Osma llega la fama del joven Domingo, estudiante en Palencia y Martín, obispo de Osma, lo eligió para su catedral, para asistirle en su reforma. El obispo se percató de la importancia para sus planes de reforma de tener continuamente ante sus canónigos de alguien con una vida tan santa como la de Domingo. No se engañó el obispo en el resultado por las virtudes de Domingo. Ya entonces pasaba los días y las noches en la Iglesia dedicado a la oración. Estudiaba y oraba sin cesar. Dice Jordán de Sajonia que estando Domingo en Osma solía orar en el secreto de su cuarto, y mientras oraba no podía contener los gemidos ni los rugidos y gritos que salían de su corazón(6).

En Osma encontró una amistad muy profunda con Diego de Acebes, quien, según nos dice Jordán de Sajonia, conocía muy bien la Escritura y poseía un amor tan centrado en Dios que, siguiendo la recomendación de san Pablo, sólo buscaba los intereses de Cristo(7). Luego sucedió a Martín en la sede episcopal de Osma Diego de Acebes, amigo entrañable de Domingo de Guzmán.

Dos años después el rey Alfonso VIII de Castilla le envió como embajador a las Marcas para concertar el matrimonio de su hijo con la hija de un noble escandinavo. En este viaje Diego de Acebes llevó consigo a Domingo. Para ambos esta experiencia les abrió nuevos horizontes, pues entraron en contacto con la realidad del sur de Francia dominada entonces por la herejía. Es bien sabido por nosotros, cuando Domingo llega a un hospedaje para pasar la noche, Domingo entró en conversación con el hospedero que creía en la enseñanza de los albigenses. Entraron en diálogo y pasaron la noche compartiendo cada uno lo que creía. Las Actas del Capítulo General celebrado en Bogotá nos describen algo hermoso sobre este suceso tan importante:

“Tanto Domingo como su hospedero fueron transformados. El hospedero volvió a la plenitud de fe en Jesucristo. Domingo nunca volvió a Osma a recomenzar su vida como canónigo regular y suprior. Al contrario, transformado por ese encuentro, se unió a una misión de predicación en la que se le conoció como el hermano Domingo. Este fue uno de los muchos eventos que cambiaron su vida; otros son: lo sucedido en Fanjeaux, la reunión de las primeras mujeres que conformaron una comunidad contemplativa, y la fundación de una Orden(8)”.

Estas experiencias en ese viaje, acompañando al Obispo Diego se fueron perfilando y el proyecto de fundar una Orden que se dedicara a la predicación aparecía con mayor claridad. Después de estos sucesos, compartió su proyecto con dos de sus grandes amigos: Fulco, obispo de Toulouse, y el conde Simón de Montfort, quienes le apoyaron desde el primer momento. Al principio la Orden tenía carácter diocesano, pero Domingo quería abrirla al mundo, cosa que sólo era posible con la aprobación del Papa. La ocasión se presentó cuando el obispo Fulco fue convocado para asistir en Roma al IV concilio de Letrán e invitó a Domingo a acompañarle. Juntos fueron a pedirle al papa Inocencio III que bendijera el proyecto.

En Roma tuvo la gracia de establecer una profunda amistad con el cardenal Hugolino, quien al ser elegido papa (Gregorio IX), apoyó enérgicamente a la Orden. Hugolino puso a Reginaldo de Orleáns, en contacto con Domingo. Reginaldo se sintió tan impresionado por la personalidad de Domingo que decidió unirse a él. Reginaldo se convirtió en el vicario de Domingo y que tendría un papel decisivo en el primer desarrollo de los frailes predicadores. A partir de esta dispersión comenzó para Domingo una época de viajes continuos, a pie, a través de Francia, Italia y España visitando los conventos y poniendo las bases de nuevas fundaciones. Él mismo carecía de celda en los conventos que visitaba. Con frecuencia pasaba la noche en las iglesias entregado a la oración y cuando el sueño le vencía se quedaba allí

Este recorrido histórico que les he presentado es para ver como Domingo está impregnado de Iglesia y de allí el amor tan grande que siente en su corazón por la Iglesia de Cristo. Ningún carisma se da en solitario, sino en comunión y complementariedad. Por eso, todos nos necesitamos. El ejercicio de esta necesidad recíproca no es algo simplemente funcional. Es algo vital, porque somos personas libres en las que actúa el Espíritu, y en esto consiste la comunión.

Santo Domingo de Guzmán no se entiende sino en la Iglesia y para la Iglesia. Tanto su vocación al sacerdocio y a la vida eclesial como la fundación de la Orden de Predicadores se desarrollaron armoniosa y progresivamente desde dentro de la Iglesia, en diálogo con su obispo y el Papa.

  1. Cuando la predicación era más necesaria, Dios escoge a fr. Domingo para ser evangelio vivo para la humanidad.

Cuando Domingo esperaba que su comunidad fuera aprobada un grave contratiempo estuvo a punto de estropear los planes que tenía este hombre tan lleno de Dios. Domingo se encontraba en Roma y el Papa Inocencio III había fallecido. La gran pregunta ¿Cuál sería la actitud del nuevo Papa ante su fundación? Tal vez fueron momentos tensionantes y difíciles para Domingo, pero su confianza en Dios, la compañía permanente de la Virgen María, la oración y su fe le ayudaron a mantenerse firme ante el llamado que se le hacía de predicar. Santo Domingo había encomendado a su Orden a María, Reina y madre de Misericordia, como se le invoca en la salve. Esta denominación de María como madre de misericordia se encuentra en la tradición cisterciense, pudiendo significar que ella es madre llena de compasión amorosa por sus hijos, es la expresión del amor de Dios por la humanidad. Esta confianza de Domingo en la intercesión de María se manifiesta también en la narración que trasmite la beata sor Cecilia, de una visión de Santo Domingo en el que contempla a sus hijos en el cielo y en la tierra bajo el manto amplio de María. La vocación y la curación de Reginaldo de Orleans , de tanta trascendencia fue considerada por el mismo Santo Domingo como un regalo de la Virgen(10).

Su caridad era tan grande, que las dificultades en el anuncio de la Palabra, las resistencias eclesiales a una misión evangelizadora, que algunos consideraban imposible, y los problemas para la creación de una nueva Orden Religiosa no fueron capaces de empañar la fe honda que habitaba a Domingo. Constantino de Orvieto nos dice algo muy hermoso sobre nuestro padre:

“Oraba Domingo en la basílica de San Pedro pidiendo a Dios que conservara y aumentara la Orden, vio cómo se le acercaban los apóstoles Pedro y Pablo. Pedro le entregaba un báculo, y Pablo un libro. Le decían: «Vete, predica, porque Dios te ha escogido para ese ministerio». Dicho esto, le parecía ver a sus hijos diseminados por todo el mundo yendo de dos en dos anunciando la palabra divina(11).

Ante la Muerte del Papa Inocencio III, dos días después era elegido Honorio III, cual fue la actitud de nuevo Papa ante la propuesta de Domingo. La respuesta la dieron los hechos: el 22 de diciembre de 1216 la Orden era confirmada solemnemente y firmada por el Papa y dieciocho cardenales.

Con este envío misionero, Domingo de Guzmán como servidor vigilante trabajó sin descanso para llevar a cabo la obra que el Señor le encomendó. Nunca se rindió ante los problemas. La soledad en el sur de Francia entre los cátaros. Es el primer fundador español de una comunidad religiosa en la historia de la Iglesia. Un hombre que transformó la vida de la Iglesia con la fuerza de la palabra divina llegó a muchos corazones que buscaban a Dios.

Santo Domingo de Guzmán encarnó el Evangelio de Jesús en lo más hondo de su vida y lo hizo realidad a través de su predicación. Los gestos concretos de la pobreza de Domingo son abundantes. Renuncia a su tierra , a su patria, y al patrimonio familiar, para vivir en la itinerancia como mensajero del Evangelio. Renuncia al mayor tesoro que entonces podía tener un estudiante: sus libros. La compasión de Domingo está sin duda asociada a su espiritualidad de encarnación, traducida en gestos de compasión de la vida de Cristo: “ Ya desde la infancia había crecido en él la compasión, que, amontonando sobre sí mismo las pesadumbres de los otros, no le eximía de ser partícipe de cualquier aspecto de la aflicción. Del recinto de su corazón había hecho un hospital de infortunios y no sabía cerrar a nadie las entrañas de su misericordia(12)”.

A pesar de que no escribió ninguna obra de la que se pueda extraer su doctrina, sólo se han conservado algunas de sus cartas y sentencias, santo Domingo dio un importante testamento espiritual a sus hermanos en el momento de su muerte el 6 de agosto de 1221: “Estas cosas son, hermanos carísimos, las que os dejo, como a hijos, para que las poseáis por derecho hereditario: tened caridad, guardad la humildad y abrazad la voluntaria pobreza(13). Es lo que hemos recibido, Un dominico debe tener en el corazón ese fuego por la misión que Dios nos ha encomendado: la predicación y la salvación de las personas. No es el catedrático que expone y defiende una tesis, para que triunfe la verdad, sin más. Domingo es predicador, va directamente al interior de la persona, les predica porque sufre con ellas, sus preocupaciones son las suyas, hace suyo su dolor, su error, su pecado y quiere caminar junto con ellas para superar toda herida dolorosa.

  1. Cuando el mundo necesita de predicadores, la orden se prepara para los ochocientos años y el Papa Francisco prepara el año de la misericordia.

Celebrar los ocho siglos de existencia de la Orden de Predicadores no consiste tanto en conmemorar un aniversario más, sino de tener una actitud de conversión y de renovación con todas las fuerzas: la misión de predicar. Es para la familia dominicana un regalo de Dios que para el mismo año de la celebración del Jubileo de los ochocientos años de la Orden, el Papa Francisco ha convocado el Jubileo de la Misericordia: Es un camino que inicia con una conversión espiritual. Y tenemos que andar este camino. Por eso, he decidido llamar un Jubileo extraordinario que tenga en el centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la palabra del Señor: “Sean misericordiosos como el Padre” (cfr Lc 6,36)14.

Es por la Providencia de Dios que tendremos la posibilidad de celebrar dos jubileos, y creo que providencialmente entrelazados y unidos. Lo especial de ese año de la Misericordia es que aportará un elemento hasta ahora inédito para la Iglesia y que se convierte en el deseo del Papa Francisco: un grupo de misioneros de la Misericordia, un grupo de sacerdotes cuya labor durante este año Santo será llevar la reconciliación de Dios a todos los rincones del mundo(14).

Este Jubileo propuesto por el Papa es un llamado para recordarnos a los dominicos la misión que tenemos de ser predicadores de la misericordia que tanto vivió y predicó nuestro padre Domingo de Guzmán. Una ocasión única y maravillosa para volver a los orígenes de la Orden a fin de recordar el momento fundacional en el que santo Domingo envió a nuestros primeros hermanos fuera de su casa, de su familia, de su tierra, para que descubrieran el gozo y la libertad de la itinerancia y la fuerza de la predicación. Para ello el año jubilar dominicano, cuyo tema será “Enviados a predicar el Evangelio”, se celebrará del 7 de noviembre de 2015, fiesta de Todos los santos de la Orden de Predicadores, al 21 de enero de 2017.

Precisamente la misericordia fue una de los dones más destacados en Santo Domingo de Guzmán, cuya compasión por la salvación de las hombres lo llevó a fundar la Orden de Predicadores, trascendiendo de este modo el tiempo y el espacio en esta tarea. Así lo recuerda el Beato Jordán de Sajonia, su sucesor al frente de la Orden, al decir que la ecuanimidad de Santo Domingo era inalterable salvo cuando se turbaba por la compasión y la misericordia hacia el prójimo(15); y también lo testimonian las noches pasadas en oración donde suplicaba a Dios por los hombres: ¿Qué será de los pecadores?.

———————————————————————————————————-

  1. Pedro Ferrando en su Leyenda de Santo Domingo (1235-1239) hace alusión a la austeridad que caracterizó al santo desde su más tierna infancia. p. 295

2 Santo Domingo de Guzmán, BAC, Madrid 1987, p 85.

3 CARRO, Diego, Domingo de Guzmán. Historia documentada, Madrid, 1973

4 VICAIRE, Humbert, Historia de Santo Domingo, 27.

5 GÓMEZ GARCÍA, Vito. Santo Domingo de Guzmán, escritos de sus contemporáneos, editorial Edibesa, Madrid, P . 114.

6 JORDÁN DE SAJONIA, Orígenes de la Orden de Predicadores, en ID., p. 88.

7 JORDÁN DE SAJONIA, Orígenes de la Orden de Predicadores, p. 84.

8 Actas del Capítulo General de Bogotá, 2007

9 De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Filadelfios Cap. 1, 1

10 Sor Cecilia, Narración, n 7

11 Constantino de Orvieto. Narración sobre Santo Domingo.

12 Felicísimo Martínez: Domingo de Guzmán, Evangelio Viviente.

13 Pedro Ferrando es el encargado de recoger las últimas palabras de santo Domingo de Guzmán para la posteridad.

14 Papa Francisco, 13 marzo 2015

15 Del Libro de los orígenes de la Orden de Predicadores del MO beato Jordán de Sajonia, oficio de lectura, de las virtudes del maestro Domingo.