Nadie supera a la Virgen María en escuchar la Palabra de Dios y cumplirla

 

Tiempo Ordinario, Año Impar,
Martes de la semana 25.

Lectura del Evangelio según san Lucas, 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.” Él les contestó: “Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.”

Palabra del Señor

El texto no es un rechazo a María, no se podría pensar que Jesús no cumpla el cuarto mandamiento. En Jesús y María hay una unidad tan fuerte que en ninguna criatura se ha manifestado el poder de Dios en  plenitud tan infinita como en la madre de Cristo. Ella fue un “sí” a la Luz y dio a luz la Luz del mundo, nadie como ella ha creído tanto y ha cumplido la palabra de Dios en su totalidad. No es la raza la que une con Jesús, ni la sangre; sino la acogida creyente y realista, en obras, de la Palabra.

El papa Pablo VI en su exhortación apostólica sobre el culto mariano  señala tres actitudes claras de María frente al problema de la salvación. María es, según la doctrina del Papa, La “Virgen oyente”, la “Virgen orante” y la “Virgen oferente”.

Hoy en el Evangelio aparece la primera actitud: la Santísima Virgen escucha, oye la palabra de Dios que le llega a través de la oración, de la reflexión sobre las Sagradas Escrituras, del mensaje del ángel, del testimonio de los pastores y guarda en su corazón el mensaje de Dios. Y Ella responde a esta pabla de Dios con una fe obediencial. Porque la fe para María es algo más que una función del entendimiento; implica también la voluntad de acoger y someterse a la voluntad de Dios: “Hágase en mí se­gún tu palabra”, es la respuesta de María.

Jesús no está desautorizando a su madre: al contrario, está diciendo que su mayor mérito fue que creyó en la palabra que Dios le había dirigido a través del ángel. María es la tierra fecunda, la humanidad donde se siembra la Palabra y Dios está con nosotros Emmanuel, se queda para siempre. Dios se hace uno de nosotros para acompañarnos, iluminarnos, redimirnos y salvarnos. La Palabra de Dios se hace carne en María y pone su tienda entre nosotros.

El evangelista Lucas, que es el que más habla de María, la está poniendo aquí, en cierto modo, como el modelo de los creyentes, ya que ella tomó como consigna de su vida aquel feliz propósito: “hágase en mí según tu palabra”.

Podemos aprender de María la gran lección que nos repite Jesús: que sepamos escuchar la palabra y la cumplamos. El mismo Lucas presenta a la madre de Jesús como “feliz porque ha creído”, según la alabanza de su prima Isabel, y la que “conservaba estas cosas en su corazón”: la que escucha y asimila y cumple la palabra de Dios.

Esta actitud de María de escuchar la palabra de Dios es la actitud de la Iglesia que, según Pablo VI, “escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios y la distribuye a los fieles como vida”. Es más, consciente de que Dios continúa revelándose al hombre, añade: “La Iglesia escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia”.­

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Acerca de Padre Said León

Fray Said León Amaya, O.P, es de la Orden de Predicadores, pertenece a la Provincia San Luis Bertrán de Colombia.
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